Featured Stories
Video today
[por Rubén Uría] Una vitamina B-12, con alma de Napoleón y gran entusiasmo por la pizarra. Eso es Juande Ramos, el revulsivo de Mijatovic. Un tipo que ha firmado para seis meses, pero que he debutado en el vestuario más difícil del mundo con dos premisas bajo el brazo: primero orden defensivo, después presión y finalmente, el juego por los flancos. Con esa receta, el Real Madrid de Juande Ramos lavó su imagen, mejoró su calamitoso balance defensivo y dejó unas cuantas ráfagas de buen fútbol, sazonadas por las contras eléctricas de Arjen Robben (el hombre que si no fuera de Cristal de Murano, sería tan bueno como el Balón de Oro). Cuestiones todas, con Schuster fuera, aparentemente sencillas, pero que en la práctica no lo eran tanto. Enfrente estuvo un devaluado Zenit, un rival de mucho glamour pero poca puntería y demasiada bondad, y que no acabó de exigir al Real Madrid, que manejó esta noche un discurso más coherente al peso de sus futbolistas. Como no hacía falta la épica, echó mano de la estética. Apareció imperial Robben, acudió a su cita con Europa el de siempre, Raúl (gol de churro más gol de goles) y Gago volvió a demostrar que sube como la espuma en el eje del equipo. Dudek (no es broma) fue titular. No le marcaron gol y dejó un par de paradas. Y Dudek, titular, dejó una duda: ¿Hay que reservar al portero del Real Madrid antes de visitar el Camp Nou? El debut de Juande en el banquillo dejó tres goles a favor, ninguno encajado y una sensación de que, a este entrenador, nadie le podrá reprochar que no tiene las ideas muy claras. Fue un 3-0 balsámico, cierto, pero ahora llega la hora de la verdad. Siguiente estación, el Camp Nou.
Uno de los ilustres de los banquillos del planeta fútbol, JB Toshack, dejó para la posteridad una de sus frases más célebres, referentes a la relación entre el técnico y el vestuario del Real Madrid. Toshack teorizaba así: “El domingo me cargaría a todos los jugadores. El martes, sólo a ocho. El jueves creo que los culpables son sólo dos o tres. Al final acaban jugando los mismos once cabrones de siempre”. Juande Ramos, después de esa maniobra a lo Copperfield de Mijatovic, llegaba al Bernabéu con una lista de convocados donde no se cargaba a ningún jugador, donde no había cabezas de turco y donde no se señalaba a ningún culpable. Es más, con Juande, jugaban los mismos “once cabrones de siempre” que salían con Bernd Schuster. No obstante, el orden de los factores, en esta ocasión, sí cambió el producto. Sabedor de que su crédito se extinguía, Schuster entró en estado comatoso, entró en el Club de “Se dejaba llevar” y dio rienda suelta a la lengua, pero sin meter el escalpelo en el vestuario. Juande, en su primer día de colegio, dejó claro que es uno de esos estudiantes metódicos, aplicados, ordenados, que piensa que la mejor improvisación es aquella que se ha mecanizado.
En la última etapa de Schuster hubo desorden y garra. En el primer partido de Juande ha habido orden y talento. Líneas juntas, ningún gol encajado (dos palos, eso sí), un centro del campo trabajador y sacrificado en el repliegue, y un manejo abrumador de las bandas. Ahí, en los flancos, fue donde brilló el primer tomo del manual de ese pequeño Napoleón que habita en Juande Ramos. Robben se mostró como el mejor de su equipo en cada galopada, pero la gran novedad del libreto del manchego fue dotar a Salgado de una nueva posición para él. Jugó diez metros más adelantado de lo normal, pisó la línea de fondo enemiga en ocho ocasiones y tiró un par de paredes de gol. Un pequeño detalle para muchos, un síntoma de método y seso para otros. A propósito: Metzelder jugó de “dos” treinta minutos. ¿Otra casualidad? La respuesta es no.
A Juande le han contratado para apenas seis meses. Pero seis meses, en fútbol, dan para mucho. Sobre todo, si se empieza con buen pie. Con una victoria que puede servir de punto de inflexión y que deja al equipo en octavos de Champions, como segundo. Al Madrid le espera uno de estos: Roma, Bayern, Panathinaikos, Liverpool, Manchester y Oporto. Pero eso será a finales de febrero. Juande lo sabe. Mijatovic también. Antes, por supuesto, el Real Madrid visita el Camp Nou. Por cierto ¿puede ganar el Madrid en Barcelona? La respuesta tiene dos letras, pero la palabra es una sola.
