[por Rubén Uría] Si al principio fue el balón, el libro del Génesis arranca con la mítica FA Cup (Football Association Challenge Cup), más conocida por la Copa de Inglaterra. El trofeo más antiguo de la historia del deporte rey, la competición del sorteo puro y el KO directo, donde se enfrentan entre sí más de 700 equipos, bien humildes y modestos, bien potentes y millonarios. Sólo las dos grandes guerras, la Primera (1916-1919) y la Segunda (entre 1940 y 1945) han sido capaces de frenar el entusiasmos de la competición más longeva, tradicional y apasionante de la historia del fútbol. Un 16 de marzo de 1872, el mito se hizo carne en el célebre Kennington Oval de Londres, cuando el Wanderers se coronó primer rey de copas a costa del Royal Engineers, por 1-0, merced al primer gran héroe de la FA Cup, Morton Betts, que por aquellos tiempos actuaba como delantero bajo el seudónimo de A.H Chequer. Hoy, aquella estampa en blanco y negro de un estadio repleto, abarrotado, da paso a un fútbol más sofisticado, globalizado, y a todo color. Han pasado 137 años desde que A.H Chequer alcanzara la inmortalidad de la mano de una competición, la FA Cup, que ya forma parte del patrimonio nacional de Inglaterra. Read the rest of this entry »
[por Rubén Uría] Mientras en España el fútbol se detiene, en Inglaterra se dan un buen atracón de partidos. Cuestión de tradiciones. Así que mientras Real Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla o Atlético endulzan su vida con la “operación polvorón”, los ingleses endulzan la vida al aficionado - porque el fútbol existe gracias al aficionado- con el célebre “Boxing Day”. Una fiesta futbolística que hace las delicias de grandes y pequeños cuyo nombre responde a la primera jornada que se disputa después del Día de Navidad. Y en esta ocasión, el “Boxing Day” no ha decepcionado. Ha dejado victorias de la terna de favoritos. De Liverpool - que mantiene el liderato-, de Chelsea y de Manchester United, y deja nombres propios para el futuro de una Premier League que está que arde. Protagonistas con mayúsculas, más allá de sus méritos coyunturales, han sido Didier Drogba (Chelsea), Robbie Keane (Liverpool), “El apache” Tévez (Manchester United) y Robinho (Manchester City). Un póker de “grandes” cuyo talento han podido paladear los aficionados ingleses, para los que el fútbol no sólo es un motivo de culto, sino también de diversión y raíz cultural. En Inglaterra los goles lo son todo. El fútbol es un modo de vida, una tradición, una herencia que pasa de padres a hijos. Un regalo inmejorable para disfrutar en Navidad.
Inglaterra no sólo puede sacar pecho de tener la Mejor Liga del Mundo, la Premier, una mezcla perfecta entre la historia anglosajona y la sofisticada cultura extranjera, sino que saca varios cuerpos al resto de campeonatos en el campo del márketing, la televisión y sobre todo, en el respeto. Ese famoso “respect” con el que clubes, directivos y operadores de televisión tratan al aficionado, al futbolero, al paganini de turno, a la gallina de los huevos de oro. Porque en Inglaterra, para orgullo de ingleses y escnario de españoles, el fútbol es algo más que un deporte, es una sacro-santa fiesta popular, una bendición. Un orgullo, una tradición, una historia de pasiones, un regalo de Navidad. Quien esto escribe, huérfano de fútbol, falto de un buen puñado de goles que llevarse a la boca, necesitado de una sobredosis dominguera de Liga, ha claudicado ante el embrujo televisivo del “Boxing Day”. Y ha acabado sentado ante el televisor, viendo fútbol en estado puro, viendo fútbol inglés, metiéndose entre pecho y espalda una buena ración de metadona llamada “Boxing Day”. El único fútbol que siente, comprende y cuida a los verdaderos dueños del deporte rey, los espectadores.
[por Rubén Uría] Se ha celebrado el sorteo de Liga de Campeones, y los caprichos del bombo han deparado un enfrentamiento son sabor a gran clásico: Real Madrid-Liverpool. Van a correr ríos de tinta acerca del morbo que va a despertar el regreso de Rafa Benítez al que fue su estadio, mucho se va a escribir acerca de lo que va a ser capaz de hacer Fernando Torres ante su “eterno rival”, y también tendrán oportunidad de leer acerca de cómo Juande Ramos va a preparar el choque frente a un equipo inglés al que le tiene tomada la medida después de su etapa en la Premier League. Será el segundo enfrentamiento de toda la historia entre Liverpool y Real Madrid en la historia de las competiciones europeas pero…¿Recuerdan cómo fue el primero y hasta ahora único choque de trenes entre blancos y “reds”? Pues fue en una final de Copa de Europa, en el año 1981, en el Parque de los Príncipes. Después de un arduo trabajo de recopilación de datos, fechas, visitas a la hemeroteca y un buen número de recortes de periódico, la décima entrega de Mitomanía aborda uno de los episodios históricos más recordados por los mitomaníacos del fútbol. La final de la Copa de Europa de 1981, en el Parque de los Príncipes de París, que enfrentó al Real Madrid frente al Liverpool. Era el fútbol inglés del ‘passing game’ frente el Madrid de los García. Juan Gómez Juanito fue el mejor, pero un error de García Cortés resultó fatal. Que lo disfruten.
[por Rubén Uría] “¿Qué hace un hincha del Tottenham después de una victoria de los Spurs? Fácil. Apaga la PlayStation y corre a la nevera”. No es que uno sea el más entusiasta seguidor del típico humor inglés, aunque este y otros chistes de diverso gusto corrían, de boca en boca, entre los aficionados de los pubs de Londres. Los Spurs, que ocupaban el último lugar en la Premier, han sido blanco perfecto no sólo de la crítica periodística, sino de la mofa y escarnio de los seguidores del Arsenal. Tanto, que después del fulgurante despido de Juande Ramos y de la urgente contratación de Harry Redknapp, los tabloides británicos se apresuraron a hacer un cruel juego de palabras con el nombre de guerra del equipo. El Tottenham, un grande de Inglaterra, era conocido como los “spurs” (espuelas). La prensa decidió denominarles como los “Spuds” (patatas). Aunque para cruel, uno de los chistes más negros que están causando furor en la comunidad bloguera del Arsenal.
[ ....Encuentran el cadáver de un tipo flotando en el Támesis. Lleva una peluca de rubia platino, tiene el rímel corrido, lleva sujetador wonder-bra, lleva bragas, ligas y los restos de una camiseta del Tottenham que le cubre el torso. En ese escenario, el comisario se dirige al forense con mucha seriedad y le da una orden directa:
-Antes de informar a la familia, quítele esa camiseta al difunto y quémela.
El médico forense, extrañado, pregunta al comisario: ¿"Para qué?"
El comisario remata en plancha: "El tipo está muerto, pero tenemos obligación de salvaguardar el honor y la vergüenza de esa familia..." ]
Hoy, la vergüenza de los hinchas del Tottenham está a salvo. Entre otras cosas, porque la destitución (nada que ver con el mito de las tradiciones ancestrales del respeto al manager inglés) de Juande Ramos ha provocado la catársis deseada por los seguidores de los Spurs. Tanto, que de la mano de Harry Redknapp, el Tottenham ha levantado la cabeza y ha vuelto a demostrar que sigue siendo uno de los históricos de la Premier League. Read the rest of this entry »
[por Rubén Uría] En cierta ocasión escuché a Menotti, maestro de la palabra y viejo gurú del fútbol, reflexionar acerca del futuro de la selección española de fútbol. Por aquellas fechas, Menotti sostenía que el dilema de España consistía en “saber de una vez por todas si es equipo es un toro o si es un torero”. Con Fernando Torres, mediante el paso del tiempo, ha ocurrido exactamente eso. Medio mundo habló, hablaba y hablará bien de FT9. La otra mitad habló, habla y hablará mal de FT9. Para unos “El Niño” es apodo cariñoso, entrañable, cercano y honrado. Para otros, “El Niño” es un ente blandito, pusilánime, inflado y con mechas. ‘Torresfílicos’ y ‘Torresfóbicos’, al menos, coinciden en algo: para calibrar que en el término medio está la virtud, habría que esperar para saber cuál era el techo del delantero del Atlético de Madrid, hoy killer del Liverpool. Y ese pasar el tiempo, ese caminar de los días y los partidos, ha terminado por inclinar la balanza a favor de los partidarios de “The Kid”. Vender un partido de España frente a la 137 del ránking FIFA resulta ser tarea ardua y complicada, así que el negocio periodístico necesitaba lanzar una bomba de racimo humana ahora que la calma se había instalado en el vestuario de La Roja. El agravio consiste en mear fuera del tiesto, con L’Equipe como coartada. Allí presuntamente FT9 reclamaba que existe una campaña para que Casillas gane el Balón de Oro, en detrimento de otros de sus compañeros que, en su haber, tienen tantos méritos como el de Avila. Habrá quien diga que Torres lo dijo. Habrá quien conozca a Fernando y sepa que jamás faltaría a su humildad. Y habrá un tercer grupo que incluso sepa entender que FT9, legítimamente, ha detectado que existe una corriente mediática y por supuesto, popular, para que Casillas sea el galardonado. Los futbolistas, raudos, zanjaron la polémica. Los periodistas, raudos, han reabierto el debate. El arma arrojadiza es una pregunta trampa que se lanza al viento como una duda que atraviesa el pecho del oyente / televidente / lector. La encrucijada mediática se formula así “¿Quién se lo merece más, Iker o Fernando? ¿Casillas o Torres?” Añado: ¿Le preguntamos a Xavi? Read the rest of this entry »
[por Rubén Uría]
Después de una década, al Atlético le mereció la pena la espera. El equipo de Aguirre ofreció su mejor versión colectiva en Holanda y acabó pasando por encima del equipo de la fábrica Philips. El PSV, típico tópico holandés al canto, es el clásico conjunto que juega y deja jugar. Esa segunda parte de la frase fue la que acabó por sepultarle. Sergio ‘Kun’ Agüero, el cavernícola de la Doble Visera, dejó su tarjeta de presentación en Europa y vacunó al PSV con dos golazos sólo apto para este fenómeno. Maniche, en la segunda mitad, clavaba un puñal en el pecho de los holandeses y firmaba un estreno soñado por la hinchada rojiblanca. Primer partido, primera victoria y primera goleada (0-3). Menos púrpura y brillo tuvo el Barça, quizá porque venía con dudas sobre sus resultados en la Liga y porque empezaba a flotar en el aire que Guardiola no es ajeno a los ataques de entrenador. Esta noche, apoyado en esa idea de que tratar bien el balón es tratar bien al espectador, el Barça esbozó su primera sonrisa de la temporada y venció al Sporting de Lisboa (3-1). Leo Messi puso toda la electricidad, Xavi puso el criterio, Etoo dejó un golitop de penalti y Rafa Márquez contribuyó abriendo la lata. No fue el mejor Barça posible, desde luego, pero al menos siguió demostrando que tiene buenas intenciones y que siempre intenta ser fiel a su libro de estilo. A tener la pelota. Read the rest of this entry »
[por Rubén Uría] El excéntrico Woody Allen, fuente de inspiración para cualquiera con sentido del humor y la fina ironía, acuñó una frase de cabecera cuando sugirió en de sus películas que “el dinero es mucho mejor que la pobreza, aunque sólo sea por razones financieras“. Amén del manido dicho de que el dinero no da la felicidad, lo cierto y verdad es que, como avanzaba Groucho Marx, el dinero no da la felicidad, pero ayuda mucho. Al menos, eso se desprende de la dureza facial y la sonrisa despreocupada, casi opípara, de esa pléyade de fortunas que podrían dormir dentro de una caja fuerte de veinte metros de profundidad, sobre una mullida montaña de billetes verdes. Warren Buffet no tiene cara de pasar apuros a final de mes; Carlos Slim podría pasarse la vida fumando billetes de 500 euros cada cinco minutos y Bill Gates podría invertir su fortuna en vender hielo a los esquimales y no tendría problemas para llegar a final de mes. Parecen felices. Son felices. Y si no lo son, se lo compran. Con denominación de origen de la revista Forbes, el Club de los Más Ricos siempre ha terminado por mover sus hilos, sus caprichos y sus dineros en el territorio fútbol. Quién no recuerda a Bernard Tapie, a Silvio Berlusconi en su día o más recientemente, a Roman Abramovich. Tipos que no tienen nada que ver entre sí, pero que coinciden en una religión común. En una única religión: el dinero. George Bernard Shaw sostenía que “el dinero no es nada, pero cuando se habla de mucho, mucho dinero, eso ya es otra cosa”. La última parte de la frase de Shaw acaba de aterrizar en el negocio del gol. Se llama Soulaiman Al Fahim. Read the rest of this entry »
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[por Rubén Uría] [Foto: Postal Heritage Dixie Dean]
Ni Gary Lineker, ni Cliff Bastin, ni Peter Osgood, ni Ian Rush, ni siquiera Jimmy Greaves o Bobby Charlton. Ningún inglés ha conseguido marcar la friolera de 60 goles en un solo campeonato. El hombre que consiguió ese récord insuperable se llamaba William Ralph Dean, aunque era más conocido como Dixie Dean. En la temporada 1927-28, Dixie fue una máquina imparable de hacer goles y logró anotar la mágica cifra de 60 tantos en 39 partidos con el Everton. A día de hoy, nadie ha conseguido acercarse, ni por asomo, a esas cifras. Dean, un pistolero del área que sorprendentemente sigue siendo un desconocido fuera de Inglaterra, es el segundo máximo goleador de todos los tiempos en la Premier League, por detrás de Arthur Rowley (419 goles en 600 encuentros). Por su parte, Dixie Dean, el delantero del Everton, dejó unos números más propios de un extraterrestre que de un ser humano: 349 goles en 399 partidos. Pero detrás de todas esas cifras, esos registros mareantes y esos goles imposibles, la figura de Dixie Dean, hoy desconocida para la mayoría de la opinión pública, fue gigantesca en la década de los veinte y los treinta. Su apodo de Dixie - que nunca acabó de gustarle- fue un nombre de guerra con el que le etiquetaron los aficionados, debido a su complexión oscura y su pelor rizado de color negro, características propias de afroamericanos del sur de Estados Unidos. Dixie, que siempre prefería que le llamaran simplemente Bill, no sólo brillaba como un delantero centro soberbio, como una máquina imparable de golear, sino que destacaba por ser un tipo con un carisma excepcional, despertando admiración allá donde fuera. Dean se convirtió en algo más que un simple futbolista cuando, según la leyenda, se negó a saludar a Adolf Hitler, el Führer, durante una gira estival por la Alemania nazi. También fue la portada de todos los diarios norteamericanos cuando la gran estrella del béisbol, el bateador Babe Ruth, viajó hasta Londres sólo para estrechar la mano del gran Dixie. Además, sólo Dixie Dean logró pasar a la historia del fútbol en Hampden Park por un hecho sin precedentes. Después de que finalizara un Escocia-Inglaterra, el público escocés coreó su nombre y le obligó a salir al césped después del choque para tributarle una cerrada ovación. Así de admirado era Dixie Dean, un goleador con un corazón de oro y una cabeza prodigiosa. Bill Shankly, Biblia del fútbol inglés y a la sazón, entrenador del Liverpool- encarnizado rival del Everton - no dudó en definir qué significó la figura de Dixie Dean en Inglaterra. Según Shankly, “Dixie Dean fue, al fútbol, lo que Mozart a la música”. Read the rest of this entry »
[por Rubén Uría]
Leon Gast consiguió el Oscar al Mejor Documental en el año 1996. Lo logró gracias a su extraordinario reportaje histórico sobre el combate de los pesos pesados que enfrentó a Muhammad Alí y George Foreman en Kinshasa, Zaire, en 1974.El documental retrató la resaca del Watergate, el activismo negro y la guerra personal de dos boxeadores que lograron detener el mundo en África. El documental de Leon Gast se tituló “When we were kings” (Cuando éramos reyes). Esta noche, en Londres, Chelsea y Liverpool han protagonizado uno de los hechos deportivos más dramáticos y épicos del comienzo de siglo, en un partido donde los sentimientos han estado a flor de piel. Quizá algún día, algún director de cine, sea capaz de reconstruir un fiel relato de lo que ha acontecido esta noche en el templo de Stamford Bridge. Allí han escrito una hermosa leyenda una veintena de hombres que, minuto a minuto, iban mutando en héroes, dioses, leones y guerreros. Quizá algún día, dentro de muchos, muchos años, alguien sea capaz de reconstruir con fidelidad el tamaño de la gesta que Chelsea y Liverpool escribieron esta noche. Quizá algún día, como ocurrió con Foreman y Alí, azules y rojos sean honrados con un documental que se titule del mismo modo, “When we were kings” (Cuando éramos reyes). Porque eso fueron esta noche Chelsea y Liverpool…Reyes. Read the rest of this entry »
[por Rubén Uría]
El primer asalto entre ingleses no pasará a la historia por su brillo. Liverpool y Chelsea hicieron crujir huesos y metieron el partido en la trinchera - nada nuevo bajo el sol-, pero desafinaron cerca del área y en la suerte del gol. En el intercambio de golpes, combate nulo y sensación de que unos y otros vivieron más del error ajeno que del acierto propio. Existe un proverbio que dice que hay dos clases de hombres: los que hacen historia y los que la padecen. Rafa Benítez iba camino de lo primero, y Avram Grant, hasta el descuento, estaba más cerca de lo segundo. Sin embargo, el rugir de Anfield se apagó cuando Fernando Torres no machacó el segundo tanto y, en la jugada siguiente, Riise alojaba un centro peligroso en su propia portería. Un jarro de agua fría para el Liverpool y una pinta de cerveza para los seguidores del Chelski, porque los blues ahora son muy favoritos para estar en Moscú. Hablando de rusos, se alarga la figura de Roman Abramovich. Envuelto en la chequera y de su Torre de Babel, después de conocer que el dinero no da la felicidad, Abramovich empieza a ver la luz al final del túnel. Quizá porque en la Copa de Europa, como en la vida, no hay plazo que no llegue, ni deuda que no se pague. En un minuto, cambió la vida de dos hombres. Y quizá de un destino. Read the rest of this entry »

[por Rubén Uría]
Dicen que hay espíritus que vagan por las gradas de La Bombonera. Cuentan que hay magia oculta en las tribunas de Maracaná, que se percibe el miedo escénico en el Santiago Bernabéu y que en el Centenario el tiempo se detiene. Quizá, puede ser. Pero si existe un escenario donde la épica se dispara, donde la electricidad tiene forma redonda y va, de lado a lado como una bola de fuego, si existe un lugar en el mundo donde se mezclan Dioses y hombres, donde se escriben las historias de grandes héroes, ese lugar es Anfield. Un templo del fútbol donde la magia habita, en estado puro, y donde sesenta mil almas contagian un ritmo frenético, entusiasta, capaz de mover montañas. Esta noche, en un partido legendario, donde la única mala noticia llegó cuando el árbitro decretó el final, Liverpool y Arsenal se convirtieron en dos boxeadores, en dos gigantes, en dos titanes. En la Grecia antigua, algunos osados sostenían que los Dioses tenían envidia de los hombres porque lejos de ser inmortales, libran cada batalla sabiendo que cualquier instante puede ser el último de sus vidas. Esta noche, los Dioses se habrán sentado en las gradas de Anfield y habrán sentido, a buen seguro, envidia sana de dos equipos homéricos: Liverpool y Arsenal. Los de Benítez, vencedores, fueron escudo y luego lanza, pero siempre roca. Los de Wenger, dignos, fueron primero fuego y luego hielo, pero nunca dejaron Anfield como vencidos. Liverpool y Arsenal rugieron con fiereza durante una epopeya extraordinaria que por desgracia, sólo duró 90 minutos juego. Ojalá el resto de Europa, algún día, aprenda a andar por el camino de los ingleses. Read the rest of this entry »
[por Rubén Uría]
Uno no descubre América si ensalza los valores tradicionales del fútbol inglés, pero conviene sacarlos a relucir para resaltar no sólo su entrega, su ardor guerrero, su coraje y su noble espíritu, sino para destacar que estos tipos jamás estafan al aficionado. Dejan lo que tienen en el fragor de la batalla, se entregan en cuerpo y alma a la causa y juegan para la gente. Es decir, proporcionan un espectáculo. Bueno, regular o malo, pero espectáculo. El último episodio de este fenómeno sociológico inglés ha llegado en un duelo fratricida de Champions, que ha enfrentado a dos equipos con libros de estilo bien diferente. Uno, el Arsenal, un equipo inglés con acento francés y con cerebro español. Y otro, el Liverpool, otro equipo inglés con acento español y cerebro argentino. Uno, el Arsenal, construido en favor del toque, de la juventud, del descaro, de la iniciativa, de la generosidad suprema, incluso de la inocencia. Otro, el Liverpool, construido en base a la cohesión, al repliegue, al espíritu combativo, al ardor guerrero, incluso a la destrucción. La resultante, como no podía ser de otra forma, ha dejado para la historia un partido épico, extraordinario, generoso, vibrante. El año pasado, Liverpool y Chelsea escribieron las páginas más bellas de un cuento donde los de Anfield acabaron con los espartanos entrenados por Mourinho. Este año, Arsenal y Liverpool están escribiendo páginas de platino de un choque de dos trenes tan distintos como atractivos, tan meritorios como diferentes, donde uno fabrica y el otro destruye. No fue el mejor partido del mundo, pero unos y otros devolvieron el precio de la entrada. Por entrega, por casta, por empuje, por coraje. Uno disfrutó de la velocidad de Torres, del corazón de Gerrard, del bestial Mascherano o del sudor de un gladiador llamado Kuyt. Y uno, por el mismo precio, y en el mismo partido, pudo apreciar la clase de Cesc, la raza de Flamini, el empaque de Hleb, los regates de Theo Walcott o la magia negra de Adebayor. El primer asalto acabó con tablas, y lo mejor es que la fiesta continuará. Ojalá el resto de Europa, algún día, aprenda a andar por el camino de los ingleses. Read the rest of this entry »
[por Rubén Uría]
De origen nigeriano, los hermanos Fashanu no tuvieron una infancia demasiado sencilla. Sus padres tiraron de ‘divorcio express’ y los Fashanu, Justin y John, se vieron obligados a abandonar su barrio de Hackney, para crecer en un orfanato, para después ser adoptados por una familia de Norfolk, el matrimonio Jackson, que les dio cariño, comida y techo. Con el paso de los años, los Fashanu comprobaron en sus carnes que no eran especialmente hábiles con los libros de texto, así que ambos escogieron cambiar el colegio por el fútbol. Decididos a probar como profesionales, los dos hermanos Fashanu comenzaron su carrera vistiendo la camiseta amarilla del Norwich City. En el equipo de los canarios,. John no brilló con demasiada intensidad, pero su hermano mayor, Justin, marcó algunos goles importantes y fue considerado como una de las grandes promesas del fútbol británico. Justin Fashanu no era un dechado de virtudes con la pelota, pero su potencia de disparo y su físico de mastodonte - medía metro noventa, pesaba noventa kilos y fue boxeador de los pesos pesados durante algún tiempo- le venían como anillo al dedo para ser el ariete del Norwich. En 1981, Brian Clough, el genio del banquillo del Nottingham Forest, decidió contratar al mayor de los Fashanu, pensando que aquel Hércules de ébano podría darle muchas tardes de gloria al Forest, que apostó fuerte por Fashanu y que pagó por él un millón de libras. Su gran aval fue un golazo al todopoderoso Liverpool, que fue elegido, por votación popular, como uno de los mejores de la temporada. El caso del mayor de los hermanos Fashanu hizo historia en Inglaterra, ya que fue el primer futbolista negro por el que se pagaba tal cantidad de dinero en Inglaterra. Hasta entonces, Fashanu bajaba los balones que llegaban caídos del cielo, con nieve, y era un especialista en cabecear todo balón muerto que pasaba por el área de castigo. Sin embargo, después de un par de temporadas de lesiones, fallos increíbles de cara a puerta y muchas discusiones con el entrenador Clough, el bueno de Fashanu fue traspasado al Notts County, el vecino pobre de Nottingham. Era el año 1985, y a partir de ese año, la prometedora carrera como goleador de Fashanu se rompió en mil pedazos. En unos meses, el que podía haber sido delantero centro de la selección inglesa pasó a ser un paria, un marginado del fútbol, hasta el punto de que se vio obligado a salir de Inglaterra. Todo, por su condición sexual. Read the rest of this entry »
[por Rubén Uría]
No hay mucho que ver en Southampton, una ciudad del sur de Inglaterra, situada a unos 100 kilómetros al sudoeste de Londres. La mayor parte de su casco viejo fue destruido por los bombardeos de los nazis en la Segunda Guerra Mundial, y su puerto, uno de los más importantes del Reino Unido, fue el punto de partida del tristemente célebre Titanic. Es una ciudad melancólica, triste y con un clima gris, aunque en materia de carreteras, casi todos los caminos conducen a Southampton. La M27 engancha envuelve la ciudad con todos los puntos de la costa Sur de Inglaterra, la A34 enlaza con Winchester y la más famosa, la M3, es la autopista que une Londres con Southampton. Sin embargo, en todos los accesos hasta la ciudad conocida como ciudad de los santos, uno puede leer un curioso cartel a la entrada de Southampton, que reza así: ‘Welcome to Southampton, you’re entering the country from Le God’. [Bienvenido a Southampton. Está usted entrando en el país del Dios]. De ese letrero podría inferirse que la comunidad de habitantes de Southampton es muy religiosa, lo cual es cierto, aunque basta un cuarto de hora en el corazón de la ciudad para descubrir que, para los doscientos mil vecinos de Southampton, el concepto de Dios tiene su raíz en el fútbol. En la ciudad desde la que zarpó el Titanic, el título honorífico de Dios de Southampton es para un futbolista. Un tal Matt Le Tissier. Un futbolista impresionante, de una calidad superlativa, cuyos milagros formaron una corte de seguidores y fans a comienzos de los años noventa. El nombre de Matt Le Tissier, en los libros de historia y estadística del fútbol mundial, apenas dice nada. Sus goles imposibles nunca merecieron ganarse la fama y el prestigio en Italia o en España, y sus hazañas nunca llegaron a traspasar el umbral del Canal de La Mancha. Pero si en el planeta tierra los dioses del fútbol responden por nombres como Maradona o Pelé, existe un lugar en el mundo donde Dios - con mayúsculas- es británico. En Southampton, Dios bajó a la tierra para jugar al fútbol en un modesto. Vestía camiseta rojiblanca, calzón negro y llevaba el siete a la espalda. En Southampton, Dios es Matt Le Tissier. Read the rest of this entry »
[por Rubén Uría] [Foto: Wiev Images Archivo]
Michael Parkinson, periodista y famoso presentador británico, ironizaba con cierta sorna sobre las supersticiones de los futbolistas: ‘Cuando salga al caldero hirviente que será Wembley mañana, no me habré sonado la nariz en diez días, llevaré puestas dos botas del pie izquierdo, el bolso de la suerte de mi mujer y la camiseta fetiche de mi abuelo. Son mis amuletos. Parecerá estúpido, pero eso es lo que va a eliminar de la Copa al Liverpool y al Newcastle’. Parkinson reflejaba así la superchería, cada vez más creciente, de los héroes del domingo. Delanteros, defensas o porteros siguen convencidos de que existen fuerzas sobrenaturales que resultan decisivas en los partidos de fútbol. El caso real más famoso fue el de Alan Rough. Un supersticioso portero escocés con un sorprendente ritual antes de cada encuentro. Un decálogo tan surrealista como divertido y jovial y que, según él, ‘funcionaba siempre’. Read the rest of this entry »
[por Rubén Uría]
Su cabeza baloneaba pelotas y Brian Clough, de profesión, delantero centro, marcaba 251 goles como delantero del Middlesbrough y del Sunderland a finales de los cincuenta. Su rodilla, destrozada, le había obligado a una retirada prematura con 27 años. Fue entonces cuando Clough decidió enrolarse como soldado de fortuna en los banquillos de Las Islas. El primer club que llamó a su puerta fue el Hartlepool, equipo que sirvió de trampolín para que, en sólo dos temporadas, se convirtiera en el entrenador del modesto Derby County en 1968. Allí, en el hogar de los carneros, en el césped del Baseball Ground, creció la leyenda de uno de los entrenadores más legendarios de todos los tiempos. Clough, motivador incansable para sus futbolistas y provocador incendiario en la prensa, se convirtió en el centro de todas las miradas de Inglaterra. Querido y odiado, ganador y controvertido, visceral y polémico, Clough fue un animal mediático que devoraba titulares de prensa para descargar a sus futbolistas de toda presión exterior. Directo y siempre jocoso, Mr. Clough sorprendió a propios y extraños cuando explicó, con pelos y señales, qué significado tenía para él la victoria:
- Por conseguir los tres puntos, le pegaría un tiro a mi abuela. Read the rest of this entry »
[por Rubén Uría]
Bill Shankly, autor de las citas más audaces e ingeniosas de la historia del fútbol, se hizo hombre en East Ayrshire, Glenbuck, Escocia. Creció en el seno de una familia humilde de diez hermanos, tuvo una infancia durísima, llena de calamidades, y eso forjó en el un carácter tan crudo como irónico. No pudo darse un baño en condiciones hasta los quince años, trabajó a destajo en la mina y encontró en el fútbol, la válvula de escape perfecta para alegrar su complicada vida. Shankly, un futbolista discreto, pronto entendió que su vocación estaba en el banquillo. Su primer equipo fue el Grimsby Town, luego pasó al Workington y más tarde, en 1956, ficharía para ser entrenador de un equipo modesto, el Huddersfield. Fue allí, en ese equipo, donde Shankly hizo debutar a un muchacho de clase obrera, con pies alados, mala leche y un descaro sobrenatural con la pelota en los pies. Se llamaba Dennis Law, era escocés, había crecido en un barrio marginal de Aberdeen y sólo tenía quince años. Después de unos cuantos partidos, Shankly habló con el presidente del Huddersfield, le pidió retener a cualquier precio a aquel muchacho y le dio un consejo:
- Oiga presidente, saque su diario y anote esto. Algún día, Dennis Law será transferido por 100.000 libras esterlinas. Read the rest of this entry »
[por Rubén Uría] [Foto: Football Wallpapers]
En 1963, Gerry and the Pacemakers pusieron letra y música al éxito You’ll never walk alone [Nunca caminarás sólo]. Aquella canción se convirtió en una filosofía de vida, en un escudo, en el catecismo de una religión llamada Liverpool. Para miles de personas, esa canción es rotundo juramento, invitación a la entereza, armadura espiritual. Un canto a la esperanza. Una melodía que se transmite de padres a hijos. Paisley, Dalglish, Souness, Rush o Barnes no tuvieron miedo de la tormenta y nunca caminaron solos a través de la oscuridad. Brillaron sobre la alfombra verde como hombres de honor primero, y como futbolistas de calidad después. Ahora, el estandarte de esos valores, la bandera de ese himno, la sostiene Steven Gerrard. Un hombre de honor. Read the rest of this entry »
[por Rubén Uría]
A nadie escapa que Rafa Benítez es una especie de Dios en Anfield y que son legión los aficionados que ven en el español a una suerte de Bill Shankly del siglo XXI. Sin embargo, con la inesperada tocata y fuga de Jose Mourinho, todos los focos de la prensa británica apuntan al entrenador del Liverpool, que empieza a ser puesto en tela de juicio por la feroz prensa británica. El debate gira en torno a la política de rotaciones de Rafa, The Gaffa. El míster red piensa que hay que dosificar a Fernando Torres para que su rendimiento no decaiga en los partidos trascendentes, mientras que los tabloides ingleses arremeten contra Benítez por privarles de poder ver en acción a ‘The Kid’. Con Torres como mar de fondo, el Daily Mirror ha publicado una irónica y satírica crítica hacia Benítez, a través de un diálogo ficticio entre el entrenador del Liverpool y su esposa en plena hora del breakfast, justo antes de que sus niños se marchen al colegio. En la historia, Torres es… una tostadora. Read the rest of this entry »
[por Rubén Uría]
No puedo evitarlo. El fútbol inglés es una droga dura que se me mete, como un veneno, por las venas. Mítico, épico, vertical. Una religión en el césped. Allí, cada sábado, en esos templos de Dios, imparte lecciones el profeta español Rafa Benítez. Lucha contra la Torre de Babel de Mourinho y contra el majestuoso United de Sir Alex Ferguson. La máquina de triturar huesos de los blues y el fútbol eléctrico de los diablos rojos. Más atrás asoma el Arsenal de Wenger. Fábrica de talento de seda, defensa de cartón. Pero este Liverpool ha cogido más vuelo. Torres, Gerrard, Reina, Alonso y Carragher huelen a campeón. El ADN del Liverpool siempre ha sido solidaridad y sacrificio, pero Benítez le ha dado un toque sofisticado al club, un libro de estilo propio al equipo y un acento español a la Premier. Rafa escribe la historia de un diario íntimo. Vive el sueño de su vida. Quizá no sea el mejor entrenador del mundo, pero disimula fatal. Es Rafa The Gaffa. [Rafa, el jefe]. Un grito desgarrado del ‘Kop’: ‘Ra-Rafa Benítez, Ra-Ra-Rafa Benítez….’
[por Rubén Uría]
* Expresión anglosajona que sirve para definir al futbolista que ha agotado su carrera deportiva ligado, durante años, a una misma camiseta y fiel a una filosofía de vida. Ahora que corren malos tiempos para la lírica y que los balonazos del presente se tiñen de futuro, ahora que las pasiones suelen ser bajas y se rinden ante el número de ceros de las chequeras, ahora…es cuando a uno le nace la conciencia. Cuando uno termina por colgar del alambre los berretines goleadores, cuando uno se rebela ante el inexorable paso del tiempo, cuando uno recuerda que se jugaba por la Coca-Cola y el bocadillo. Cuando uno era virgen ante el cochino negocio. Ricardo Bochini, el Bocha, nació, creció, se reprodujo e incluso murió deportivamente en su equipo de toda la vida, el Independiente de Avellaneda. Giampiero Boniperti se casó para toda la vida con la Juventus. La araña negra, Lev Yashin, nunca cambió a su Dinamo de Moscú por un puñado de rublos. Nilton Santos se matrimonió con el Botafogo. Paolo Maldini no sabe vivir sin el Milán, porque para él sería la muerte, mucho más allá de lo deportivo. Manolo Sanchís escogió ser el eterno capitán de la nave del Real Madrid, un escudo al que limpió, fijó y dio esplendor el resto de sus días, hasta que las piernas le dijeron basta. Julen Guerrero nunca cedió a la tentación del maldito parné y se ganó un busto en Lezama. Como Steven Gerrard, un hombre cuyas células se confunden con el mítico escudo de los reds de Benítez.
Todo eso ha muerto. Los empresarios, las sociedades anónimas, los sempiternos presidentes, los asquerosos tratantes de ganado denominados representantes, los abogados y sobre todo, el dinero. Eso es lo que importa ahora. Es la dictadura asfixiante de un deporte, el fútbol, que hace tiempo, casi sin darse cuenta, dejó de serlo. Ayala cambiará de camiseta pero no de casa. en Castellón le pagarán más. Diego Forlán no podrá decir que de pequeño soñó con jugar en el Atleti, pero aterrizará como quien acude al bazar más cercano y se deja tres perras gordas en un desatascador. O para un detergente de lujo, tipo Henry. Quedará muy mono en la alacena de las urgencias de Laporta. Incluso ha llegado el turno de auténticos Expedientes X, el turno de últimos mohicanos como Fernando Torres, al que los aficionados del Liverpool le cantarán eso de ‘Nunca caminarás sólo‘. Ley de vida supongo. Ley de vida me consuelan. Ley de vida me resignan. Son fichajes de ida y vuelta, cheques de giro postal, paquetes que van y vienen, ceros que engordan nóminas, simples números y nombres en una sociedad de consumo llamada fútbol.
¿Dónde ha quedado el One Club Man? Dicen que se echó al monte la utopía. Que amor no es literatura si no se escribe en la piel. Que ya no importa para qué se juega, para quién, por qué ideales y para defender qué orgullo. Uno se pregunta cómo se puede jugar bien si no se sabe para quién se juega. Intuyo que me harán jirones la piel a latigazos por archivar su pasado colchonero, pero si con las prisas han pensado que el mito del One Club Man ha muerto, les digo que no. Miren a Raúl. Juega en el Real Madrid. Lleva una vida defendiendo ese escudo, esos valores y esa camiseta. Amigos y enemigos, que de todo ha habido, le han querido jubilar al frente del Madrid. Brilló más que Mijatovic. Hizo más goles que Suker. Pudo más que Ronaldo. Morientes nunca pudo quitarle el puesto. Ni Portillo. Ni Soldado. Higuaín tampoco. Ahora convive con Van Nistelrooy. Era la tarde del 29 de octubre del año 1994 cuando Raúl González Blanco, un chavalito del filial, empezó a correr para el Real Madrid. Corre infiltrado. Corre lesionado. Corre en perfectas condiciones. Ha hecho mil goles pero sigue con fama de Forrest Gump. Algunos miran, pero no ven. Raúl, el siete, es One Club Man.
[por Rubén Uría]
Fernando Torres jugará en el Liverpool. El club inglés pagará la cláusula de rescisión de Torres, unos 40 millones de euros limpios de polvo y paja, y se llevará al delantero madrileño en cuestión de horas. Las formas de pago todavía están por definirse, pero parece claro que, salvo torcerse la negociación en los próximos minutos, Fernando será nuevo jugador red y dirá adiós al Atlético de Madrid, al que llegaría Luis García, jugaro que no cuenta para Rafa Benítez. Así lo confirma desde Inglaterra el canal de deportes de la BBC británica. Fuentes del Atlético de Madrid, de momento, niegan el traspaso aunque sí reconocen que se están entablando conversaciones en esa dirección, tal y como ha adelantado la Cadena COPE. Todavía nada se ha confirmado por parte del Liverpool ni del Atlético de Madrid, pero la BBC suele ser el cauce oficial utilizado por el equipo inglés para dar a conocer a sus hinchas los inminentes fichajes. Por otro lado, el equipo rojiblanco ingresaría una importante cantidad de dinero para poder afrontar los fichajes de Diego Forlán y/o Juan Román Riquelme, jugadores del Villarreal…
El año 31 después de José Eulogio Gárate acabó en Intertoto. El 32 pasaba por la venta de Fernando Torres y según informa el canal británico, Torres ya ha dado el OK a la operación. De confirmarse, sería una noticia que convulsionaría el entorno del Atlético de Madrid. Telemadrid, por su parte, auncia que Torres aún no ha dado el ’sí quiero’ al Atlético, aunque asegura que las negociaciones están ya muy avanzadas y que consistirían en 36 millones de euros más Luis García por el ‘Niño’, además de una cláusula de recompra que el Atlético se aseguraría después de dos temporadas.
Otro palo a la afición del Atlético, quizá el definitivo para un equipo que se queda sin su referente y su bandera…Ahora falta saber de qué modo ‘venderán’ un adiós tan esperado como duro, crudo y espinoso. Va a ser un parto difícil. Más de un atlético esperará que no se confirmen las noticias que llegan desde Inglaterra, pero allí los seguidores del Liverpool ya sueñan con ganar otra vez la Copa de Europa…con Torres.
[por Rubén Uría]
Atenas (en griego Αθήνα, Athína), cuna de la democracia, corazón de la Acrópolis y urbe bañada por El Pireo, vivió la noche más mágica de Pippo Inzaghi. Esta noche, bajo el cielo estrellado del Partenón, el equipo de Rafa Benítez cayó con grandeza y el Milán subió al olimpo de los dioses del fútbol. Desde la cima, Paolo Maldini igualaba al mítico Paco Gento y el planeta fútbol se rendía al oportunismo italiano. Hace tiempo, una enciclopedia viviente como Alfredo Di Stéfano dijo: ‘las finales no se juegan, se ganan’. La máxima se cumplió en Atenas. En el césped del Olímpico, el Liverpool puso la poesía, y el Milán cobró los derechos de autor.
Con la trinchera en una mano y el libro de jugadas en otra, Rafa Benítez y Carletto Ancellotti se sentaron a jugar al ajedrez. El italiano partía con blancas. Rafa, con negras, intuía que debía aguantar el tipo. Pero antes del choque entre peones, alfiles y torres, Ancellotti recordó el viejo proverbio que hizo famoso a su antecesor en el cargo, Arrigo Sacchi. Según el ‘zapatero prodigioso’, antes de cualquier final, se encerraba en su habitación y se repetía una y otra vez a sí mismo: ‘Si un entrenador no tiene el coraje de hacer lo que cree justo pierde antes de jugar’. Entonces, el viejo Arrigo hacía lo que creía justo para su equipo y noventa minutos después, levantaba la Copa de Europa. Con el precedente de su maestro tan cerca, Ancellotti consultó con la almohada, dejó a Gilardino en el banquillo y apostó por Inzaghi. Esa decisión cambió la final. Pippo tocó cuatro balones y marcó dos goles. Un monumento al oportunismo.
Hubo dominio inglés y paradoja italiana. Porque todo fue eso, una gran paradoja. En un deporte en el que la pelota se distribuye, centra y dispara con el pie, el gol llegó de un brazo. Fue al filo del descanso, cuando Pirlo botó un lanzamiento directo, el balón rebotó en el brazo, pegado al cuerpo, de Pippo Inzaghi, y se coló en la meta del Liverpool a cámara lenta. Si el más grande, Maradona, habló de su gol con la mano como ‘La mano de Dios’ y al gol de Messi ante el Getafe lo bautizaron como ‘El pie de Dios’, desde esta noche, el tanto de Inzaghi será recordado como el ‘Brazo de Dios’. Después del gol, el Liverpool fue el paciente inglés y le echó un pulso a la suerte. Fue arriba, presionó y murió con las botas puestas. A siete minutos del final, Kaká sacaba a relucir su pie de seda. Frotaba la lámpara maravillosa, hacía la luz en el cuarto oscuro de Benítez y metía un pase de fantasía a Inzaghi, que había ganado la espalda de la zaga. Pippo, redondeando su noche mágica, batía a Reina. El Liverpool contemplaba entonces, impotente, cómo la Copa de Europa se escapaba entre sus dedos. Kuyt puso la duda en el aire, pero después de su tanto, el Milán anestesió el partido con los cambios y el colegiado mató el partido.
El ‘spanish’ Liverpool murió con honor, de pie. Sobre el campo de batalla habitual de un equipo cosmopolita formado por poetas guerreros. La gloria fue para el Milán, para la cofradía del Che Dio vi Furmini, para el fútbol sofisticado. La gloria fue para Paolo Maldini, un mito eterno.
[por Rubén Uría]
Será una cuestión de orgullo. De dos sentimientos frente a frente. ‘Vendetta’ de Estambul ante ‘Remember Estambul‘. Una cuestión de honor, de principios, de corazón. El alma contra el cerebro. El equipo contra la individualidad. La fe contra el talonario. La tradición contra la sofisticación. Poetas guerreros de Anfield contra devotos del Che Dio vi furmini. Será una cuestión entre hombres de honor. Será Rafa Benítez ante Carletto Ancellotti. Será Steven Gerrard frente a Kaká. El último cartucho para Paolo Maldini, el Cary Grant del fútbol, y una nueva ocasión para que el Liverpool se pinte una raya amarilla en su camiseta, para que los españoles no le dejemos caminar sólo en Atenas. Dicen que el Milán es el único equipo de Italia que no parece un equipo de Italia. No pega, no especula, no recula, no racanea. Dicen que el Liverpool es un equipo español que no parece español. Pega como un inglés, choca como un inglés, remata como un inglés y tiene un corazón inglés. Dice Kaká que Gerrard es el jugador que nadie quiere tener enfrente. Gerrard asegura que Kaká es un hombre-orquesta capaz de cambiar el signo de un partido. Ancellotti confiesa que en caso de victoria, brindará con una botella de vino que le regaló Sir Alex Ferguson. ¿Y Benítez? Pues Rafa the gaffa (El Jefe), maneja discursos contradictorios. Con la boca grande dice que Estambul es irrepetible. Con la boca pequeña, sotto voce, Rafa apela a un ‘dèjá vu’...
Entró en los corazones de Italia gracias a Nereo Rocco. Dio esperanza desde el pie de Rivera, ‘Il bambino de oro’. Empapó en sudor con Schnellinger. Hizo zapatero prodigioso a Arrigo Sacchi. Regaló al mundo a Gullit, Rijkaard y Van Basten. La Quinta del Buitre reventó en San Siro cada vez que Franco Baresi gritaba aquello de ‘avanti’. Aquella trampa para cazar elefantes forjó un equipo, el Milán, y asesinó una leyenda, el Madrid. Aquel grito de Baresi esculpió en mármol a Maldini, el único lateral del mundo capaz de obligar a Míchel a arrojar la toalla. Al abrigo del Cary Grant del fútbol acampan Oddo, Nesta, Jankulosvki y un dinosaurio brasileño llamado Cafú. Al calor del hijo de Don Césare crece el guerrillero Gattuso, un rambo en miniatura, y se alza Inzaghi, un delantero de área pequeña. Y respetando la jerarquía de Maldini, pero con licencia para las obras de arte, emergen tres futbolistas: Seedorf, el titán de Panamaribo; Pirlo, el regista de Italia; y Kaká, el Pelé Blanco que quita el sueño a Ramón Calderón. El Milán fue un panettone demasiado duro para el Bayern de Münich, y demasiado indigesto para el Manchester de Ferguson. La tormenta de los diablos rojos se inclinó ante el poder de Pelé Blanco. Ante el pie delicado, refinado, preciso y mágico de Ricardo Izecson, más conocido por Kaká. Los tiffossi reclaman ‘vendetta’ ante el Liverpool, lucirán pinturas de guerra en Atenas y elevarán otra plegaria al todopoderoso. El grito, unánime, será el mismo que ante el Manchester United: ‘Che Dio vi furmini’ (Que Dios os fulmine).
Al otro lado del Partenón aguarda el campeón inglés, el spanish Liverpool. Llega después de haber escrito epopeyas sobre el campo, después de haber acrecentado la leyenda del ‘This is Anfield’. Después e haber puesto de moda las filosofías de Shankly, Bob Paisley o Joe Fagan. Llega con espíritu invencible y con el convencimiento de que el destino del fútbol pueda depararle un ‘dèjá vu’. Llega con ganas de repetir la homérica final de Estambul. La avalancha ‘red’ tiene mucho que ganar y poco que perder, sobre todo, por el camino en el que ha llegado a la final. Porque, pase lo que pase, al Liverpool le quedará en el cuerpo el sabor añejo de la leyenda de Eddie Futch, un entrenador de boxeo que pasó a la historia el 1 de octubre de 1975. Aquel día, Muhammad Ali y Joe Frazier se rompieron el alma a puñetazos en Manila, en la más cruel y épica batalla de la historia del deporte. Alí sacó fuerzas de sólo Dios sabe dónde para volver al cuadrilátero. Joe Frazier se dispuso a hacer lo mismo a pesar de tener sendos ojos a la funerala, exhausto, a punto del desmayo, cuando su entrenador, su esquina, Eddie Futch, le ordenó sentarse y arrojó la toalla. El viejo Eddie consoló al ‘humeante’ Frazier con una frase que pasará a la historia: ‘Siéntate hijo, nadie olvidará jamás lo que hiciste hoy aquí’. Y pase lo que pase en Atenas, nadie olvidará lo que Benítez y sus chicos hicieron para jugar la final. Sea lo que sea, todo se zanjará en Atenas. Y será una cuestión entre hombres de honor.
Foto: www.uefa.com
[por Rubén Uría]
Según ‘Braveheart’, ‘En el año del señor de 1314, patriotas escoceses, hambrientos y en inferioridad, atacaron los campos de Bannuckburn. Lucharon como poetas guerreros. Como escoceses. Y se ganaron su libertad’. Según los libros de historia de la Copa de Europa, en el año del señor de 2007, patriotas de Liverpool, hambrientos y en inferioridad, atacaron los campos de Anfield Road. Lucharon como poetas guerreros. Como ingleses. Y después de echar el corazón por la boca, con prórroga incluida, después de una dramática tanda de penaltis, se ganaron su pase a la final de la Copa de Europa.
‘El fútbol es una religión, y tiene su lugar sagrado en el césped’. Y como toda religión, el fútbol tiene su Meca. Un templo sagrado. Un lugar de culto, un refugio para la fe. Se llama Anfield Road. Es el hogar del Liverpool. El orgullo de un pueblo, la tradición de una ciudad. La prueba evidente de que somos energía y alma. Algo más que mente y cuerpo. Gerry and the Pacemakers le puso letra y melodía a los sentimientos. Siempre hay un lugar an Anfield para no caminar solo y no temer a la oscuridad. Siempre hay un momento You’ll never walk alone. Una canción que une a los amigos. Una canción que también se anima a cantar el enemigo. Una canción que nos recuerda que existe la magia, que siempre hay un último lugar. This is Anfield. Donde habita el corazón. Ante tamaño mito, nada pudieron los millones del Chelsea…
Ron Atkinson acertó a decir en cierta ocasión: ‘Ser una leyenda es duro de cojones’. Desde esta noche, después de haber llevado al Liverpool a otra final de Copa de Europa, Rafa Benítez ya es una leyenda. Sólo Bill Shankly podría mirarle por encima del hombro en los libros de historia. Eso sí, en cuanto a leyendas, Rafa todavía está a años luz. Bill Shankly obligó a su mujer, el día de su boda, a asistir a un partido de Segunda División. Bill Shankly levantaba a sus jugadores a las ocho de la mañana y les llevaba a ver cómo trabajaban los mineros de Liverpool. Bill Shankly, antes de cada partido importante, reunía en la caseta a sus jugadores media hora antes de saltar al campo. Les hacía arrodillarse y les hablaba. Les hablaba de boxeo. De combates históricos, de boxeadores heroicos, de fajarse, de no rendirse. De respeto. Después salían a jugar y ganaban los partidos. Rafa se ahorra lo del boxeo.
Abramovich construyó la Torre de Babel. Mourinho la adiestró como una tropa militar. Creó un patrón de juego guerrillero, fabricó un equipo-apisonadora y dejó su sombra en todas y cada una de las actitudes de sus futbolistas. Mou tose y el Chelsea se constipa. Antes de jugar en Valencia, Mourinho confesó: “Si ganamos, pasamos a semifinales. Si perdemos, hay lucha libre en Earls Court y me iré a verlo con mis hijos“. Su segundo KO ante Rafa Benítez le costará alguna tarde libre en Earls Court. Claro que, como dice el bueno de Mou, ‘si me despiden del Chelsea no ocurrirá nada. Seré millonario y pasaré mucho rato con mis amigos’. Quizá el principio del fin del Chelsea. Un ganador que empieza a asumir las derrotas. Después de una prórroga y de una dramática tanda de penaltis, el Chelsea hincó la rodilla en Anfield Road. Luchó como un titán y cayó con la cabeza bien alta. Las lágrimas de Terry pusieron los pelos de punta.
Pepe Reina voló en el drama de los penaltis y llevó de nuevo el santo grial a Liverpool, pero el partido dejó la omnipresencia de Steven Gerrard. Cierto día, tras caer ante el Cristal Palace en la Charity Shield, el capitán afirmó: ‘La gente pagado dinero por vernos, se priva de caprichos por vernos, y no hemos estado a la altura del Liverpool. Tenemos una obligación con la camiseta, con la gente y con este pueblo. Que nos echen la culpa a los jugadores. Yo les pido perdón. Hoy no fui digno de jugar en el Liverpool’. Desde aquel día, Gerrard es el corazón de Liverpool. El quinto Beatle. Juega por la camiseta. Por la gente. Por las familias humildes. Por las causas perdidas. Es el último romántico del fútbol. Simply the best Gerro.
Posadata: Gracias Dios por el fútbol…inglés.
Jerjes topó con Leónidas. Napoleón chocó con Wellington. Rommel encontró un Montgomery. Boris Spasski topó con Bobby Fischer. A su vez, Fischer chocó con Anatoli Karpov. Y Karpov encontró la horma de su zapato con Gary Kasparov. Ahora Mourinho, que vive su vida a caballo entre el lenguaje bélico y el tablero de ajedrez, ha topado con Rafa Benítez. O Benítez con Mourinho, porque el orden de los factores no altera el producto. Benítez logró su asiento en el ‘hall of fame’ de Liverpool. Entre Bill Shankly y Bob Paisley. Si vuelve a noquear a Mourinho, no descarten que la Reina de Inglaterra reciba a Rafa para algo más que tomar el té a las cinco. Pero al menos, esta noche, el portugués ha golpeado primero. Y dicen que quien da primero…
Dos transformistas dignos de estudio. Roman Arkadievich Abramovich nació magnate petrolífero y evolucionó en comprador de equipos de fútbol. Jose Mourinho creció como traductor de inglés y se transformó en sargento chusquero del banquillo. Onassis es el espejo de Roman. Vujadin Boskov, el listón de José. Roman siempre quiso un equipo ganador. José se lo construyó. José siempre quiso a los mejores del mundo. Roman se los trajo. Ahora el divorcio asoma. Mourinho ha convertido Chelsea en un barrio de Esparta. Abramovich prefiere el estilo de La Diagonal de Barcelona. Estarán juntos en la riqueza, pero no en la pobreza. En la salud, pero no en la enfermedad. En definitiva, estarán juntos hasta que la Copa de Europa les separe.
No estuvo fino Alonso. Ni Mascherano. Ni Kuyt. Bellamy despareció en combate, Riis se frenó en demasía y todo quedó en pies de Gerrard. Sólo el bravo centrocampista inglés fue capaz de sostener al Liverpool durante la primera parte, cuando los de Mourinho entraban como auténticos stukas. Gerrard siempre estuvo en la nómina de Abramovich. En el punto de mira del Real Madrid. En la lista de objetivos del calcio. No debe extrañar a nadie. Steven Gerrard es el líder espiritual de ‘The Kop’, el capitán indiscutible del Liverpool y el alma de este noble, vibrante y contagioso fútbol inglés. Se ha ganado un lugar de honor en el universo ‘red’. Con Dalglish, Souness, Grobelaar, Peter Barnes o Ian Rush. Nunca caminarán sólos…
Sir Winston Churchill solía decir que “…el error de nuestra época consiste en que sus hombres no quieren ser útiles sino importantes.” Drogba, Shevchenko, Lampard, Ashley Cole o Robben se llevan la fama. Son importantes. Pero no los más útiles. Son estrellas, no asteroides. Su talento gira en torno al sol. En cambio, el Chelsea gira en torno a Ricardo Carvalho y John Terry. El frac y el overol. El esmóquin y el uniforme. El hombre de hielo y el capitán maravilla. Hielo y fuego. Dos cromos para pegar en el álbum de nuestros corazones. Como Baresi & Costacurta. Como Hierro & Sanchis. Como Brugnich & Facchetti. Dos hombres y un destino.
Según la Biblia de Johan Cruyff, el Liverpool ‘es lo que ves’, mientras que el Chelsea es ‘grande no por lo que me da, sino por lo que esconde tras lo que me da’. Bajo esa coraza de acero, tras ese cliché de equipo defensivo, subyace una máquina infernal de triturar huesos en el centro del campo. Cruyff apunta a que, cuando las piernas del rival dicen basta, surge la apisonadora imparable en Stamford Bridge. Según esa teoría, este Chelsea es un rompecabezas táctico empeñado en domesticar la fiera que lleva dentro. Pero cuando la cosa se pone fea, Mou suelta la correa de la bestia. Es entonces cuando el fútbol sale del pecho del Chelsea. Como Alien con Sigourney Weaver. Sin embargo, ante el Liverpool, Mourinho no soltó la correa. Se apuntó el primer asalto, pero no sacó la bestia que lleva dentro.
La Quinta del Buitre reventó en San Siro cada vez que Franco Baresi gritaba aquello de ‘avanti’. Resultado: otro fuera de juego. Aquella trampa para cazar elefantes forjó un equipo, el Milán, y asesinó una leyenda, el Madrid. Aquel grito de Baresi esculpió en mármol a Maldini, el único lateral del mundo capaz de obligar a Míchel a arrojar la toalla. Al abrigo de ‘Il bello’ Maldini acampan Oddo, Nesta, Jankulosvki y un dinosaurio brasileño llamado Cafú. Al calor del hijo de Don Césare crece el guerrillero Gattuso, un rambo en miniatura, y se alza Inzaghi, un delantero de área pequeña. Y respetando la jerarquía de Maldini, pero con licencia para las obras de arte, emergen tres futbolistas: Seedorf, el titán de Panamaribo; Pirlo, el regista de Italia; y Kaká, el Pelé Blanco que quita el sueño a Ramón Calderón. Mucho arroz para el pollo alemán del Bayern. Resulta estremecedor comprobar que Maldini se ha convertido en algo más que un digno heredero de Baresi. Este Milán será un panettone mucho más duro que la Roma. Cristiano Ronaldo y Rooney lo saben…
‘This is Anfield’. Así reza el cartel que leen todos los jugadores antes de saltar al césped del campo del Liverpool. Bill Shankly ordenó que colgaran aquel letrero allí para “recordar a nuestros jugadores para quien están jugando y a los rivales contra quien lo van a hacer”. Mourinho y el Chelsea deberían estar preocupados. Reina es seguridad; Hyppia y Carragher son gigantes; Riise es un cohete noruego; Kuyt es veneno en la piel y Peter Crouch es algo más que el Salinas de las islas. Demasiado para el PSV. En semifinales, los Mourinho Boys jugarán contra algo más que un equipo. Se van a enfrentar a un sentimiento. Se llama Steven Gerrard. Es un tipo con cara de minero, gesto hosco, patizambo y con muy mala leche. Es el único futbolista que ha ganado una final de Copa de Europa jugando como lateral derecho, central, mediocentro, mediapunta y segundo delantero. Es el capitán, y les aseguro que a Gerrard no le hace falta leer cada día el cartel que mandó colgar Shankly. Gerrard recuerda cada día a sus compañeros para quién están jugando, y a sus rivales, ante quién se están enfrentando. El Barça puede dar fe de ello. Rafa Benítez es el único cualificado para ganarle a Mourinho una partida de ajedrez.
Avalancha ‘red’. Compacto, abigarrado, agresivo, marmóreo, granítico, mecanizado, disciplinado y con un pundonor encomiable. Todos los valores positivos del Liverpool se tiñeron en una tormenta ofensiva que los Benítez Boys desataron sobre la portería de Valdés en los primeros cuarenta y cinco minutos. Steven Gerrard, el gran capitán y líder, comandaba cada avalancha roja como un jefe de tropa. Kuyt se vació y apareció en todas partes, Riise se volvió el loco del pelo rojo en la banda y Xabi Alonso tuvo imán con la pelota. La sangre no llegó al río gracias al acierto de Víctor y a un par de postes. El Barça llegaba obligado a salir al ataque y se encontró desarmado, superado, barrido, metido en una licuadora. Hasta que las piernas le aguantaron, el Liverpool fue un vendaval que cumplió a rajatabla con un papel de mítico equipo inglés. Dice la leyenda que es ‘imposible jugar mal al fútbol en Anfield’. Los ‘reds’ lo demostraron. Tuvieron coraje y honor. Se fueron a la caseta sin premio, pero la exhibición dejó tocada toda la línea de flotación azulgrana.
La pelota no se cansa. La segunda mitad cambió el guión del césped. Rijkaard buscaba soluciones y las encontró con Giuly para abrir más el campo y sacar tajada de la fatiga local. Los de Benítez ya acumulaba sobreesfuerzo, tenían demasiados kilómetros en las piernas y buscaban un segundo aire. Ahí aparecieron los dos enanos mortales, Iniesta y Xavi, para armar el juego made in Barça. Apareció el toque, la magia, el desborde y la pared, y el Liverpool fue cediendo terreno palmo a palmo, hasta terminar aculado en torno a Reina. El gol de Gudjohnsen destripó los miedos de Anfield, pero cuando quiso volver a ser el Barça, el Barça se quedó sin tiempo. Puso todos su fútbol de kilates en la alfombra de Anfield, pero reaccionó demasiado tarde…
La receta ‘Futch’. El 1 de octubre de 1975, Muhammad Ali y Joe Frazier se las tuvieron tiesas sobre un cuadrilátero en Manila. Aquella batalla, la más cruel y épica de la historia del deporte, se decidió cuando Alí decidió sacar fuerzas de sólo Dios sabe dónde para volver al cuadrilátero. Joe Frazier se ispuso a hacer lo mismo a pesar de tener sendos ojos a la funerala, exhausto, a punto del desmayo, cuando su entrenador, su esquina, Eddie Futch, le ordenó sentarse y arrojó la toalla. El viejo Eddie consoló al ‘humeante’ Frazier con una frase que pasará a la historia: ‘Siéntate hijo, nadie olvidará jamás lo que hiciste hoy aquí’. Apliquen la frase de Futch al discurso que Rijkaard debió darle a sus futbolistas después de caer, con honor, ante un equipo superior, el Liverpool. Nadie olvidará lo que hizo el Barcelona en Inglaterra, y nadie olvidará ante quién peleó durante 180 minutos el equipo de Benítez. El Barça murió con las botas puestas. El Liverpool, llevado en volandas por Anfield, pasó con justicia. Así lo contarán los libros de historia.
Espera el templo sagrado. Cuenta la leyenda que en las grandes noches europeas, los jugadores del Liverpool se extramotivan en el túnel de vestuarios, antes de saltar al campo. Todos y cada uno de los reds, antes de saltar al césped del mítico Anfield, tocan con las yemas de sus dedos un cartel que dice así: ‘This is Anfield‘ (Esto es Anfield). Ese letrero, su significado subliminal y su épica avivan el fuego místico de un equipo, el Liverpool, cuya leyenda ya forma parte de la historia viva del fútbol. Todos los futbolistas tocan la inscripción ‘This is Anfield’, para, como dijo Shankly, “recordar a nuestros jugadores para quien están jugando y a los rivales contra quien lo van a hacer”.
The Kop, el grito de la gente. En el césped, característicos son los escasos centímetros que separan los dos banquillos, y una de las gradas, la más ruidosa e incondicional, The Kop, en honor a los soldados del Regimiento Liverpool que fallecieron en el monte Spioenkop, en Suráfrica, en la Guerra de los Boers a finales del siglo XIX. A Anfield le quedan unos pocos meses de vida, pero sus paredes encierran la historia viva y emblemática de un club, un equipo y una filosofía de vida.
Según Sir Bobby Robson, “una de las experiencias más maravillosas que puede vivir un futbolista es jugar en Anfield”, el escenario con más historia del fútbol mundial que los azulgrana pisarán para defender su título de campeones de Europa. Desde que se entra en él a través de la puerta de Shankly, en homenaje al primer gran mánager de los ‘reds’, hasta que se pisa el césped con los 44.0000 aficionados cantando el universal himno del Liverpool, ‘You’ll never walk alone’, todo contiene un componente emotivo muy elevado.
En honor a los muertos. Junto a la ‘Shankly gate’ figura lamentablemente desde hace 18 años el ‘Hillsborough memorial’, un recuerdo a los 96 aficionados del Liverpool que el 15 de abril de 1989 fallecieron aplastados en el campo del Sheffield durante las semifinales de la Cup ante el Nottingham Forest tras una avalancha en una de las gradas. Están inscritos los nombres de los que perdieron la vida en ese trágico suceso, con una llama siempre encendida que simboliza que nunca serán olvidados, y diariamente son muchos los familiares y amigos de las víctimas que se acercan a Anfield para dejar flores.
Hacer feliz al pueblo. En honor a Bill Shankly, también se levantó también una estatua con la siguiente leyenda: ‘Made the people happy’ (’Hizo feliz a la gente’). Al margen de los títulos que conquistó entre 1959 y 1974 (se retiró voluntariamente a los 60 años para dedicarle más tiempo a su mujer Ness) y de ser el descubridor de muchos de los futbolistas que después conquistaron cuatro Copas de Europa entre finales de los setenta e inicios de los ochenta, a Shankly se le recordará siempre por sus inolvidables frases: “En Liverpool hay dos grandes equipos: el Liverpool y los reservas del Liverpool”, “El balón no se cansa nunca”, “El primero es el primero; el segundo no es nadie” o la más popular de todas, “El fútbol no es una cuestión de vida o muerte; es mucho más que eso”.
Quien no conoce el pasado no puede triunfar en el futuro. La fuerza del Liverpool reside en esa magia que envuelve un sentimiento salido del sórdido barrial. La fuerza red se manifiesta en cada rincón histórico del templo de Anfield Road. La fuerza del Liverpool proviene de las tripas de Bill Shankly, de las entrañas de un visionario que ‘hizo feliz a la gente’. Es por eso que Rafa, Míster Benítez, como dice la letra de Gerry and the Pacemakers, nunca caminará solo…El Liverpool no es el mejor equipo del mundo, pero es normal. Es imposible ponerse al nivel de su leyenda. Está por encima de todo eso.
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[por Rubén Uría] Una vitamina B-12, con alma de Napoleón y gran entusiasmo por la pizarra. Eso es Juande Ramos, el revulsivo de Mijatovic. Un tipo que ha firmado para seis meses, pero que he debutado en el vestuario más difícil del mundo con dos premisas bajo el brazo: primero orden defensivo, después presión y finalmente, el juego por los flancos. Con esa receta, el Real Madrid de Juande Ramos lavó su imagen, mejoró su calamitoso balance defensivo y dejó unas cuantas ráfagas de buen fútbol, sazonadas por las contras eléctricas de Arjen Robben (el hombre que si no fuera de Cristal de Murano, sería tan bueno como el Balón de Oro). Cuestiones todas, con Schuster fuera, aparentemente sencillas, pero que en la práctica no lo eran tanto. Enfrente estuvo un devaluado Zenit, un rival de mucho glamour pero poca puntería y demasiada bondad, y que no acabó de exigir al Real Madrid, que manejó esta noche un discurso más coherente al peso de sus futbolistas. Como no hacía falta la épica, echó mano de la estética. Apareció imperial Robben, acudió a su cita con Europa el de siempre, Raúl (gol de churro más gol de goles) y Gago volvió a demostrar que sube como la espuma en el eje del equipo. Dudek (no es broma) fue titular. No le marcaron gol y dejó un par de paradas. Y Dudek, titular, dejó una duda: ¿Hay que reservar al portero del Real Madrid antes de visitar el Camp Nou? El debut de Juande en el banquillo dejó tres goles a favor, ninguno encajado y una sensación de que, a este entrenador, nadie le podrá reprochar que no tiene las ideas muy claras. Fue un 3-0 balsámico, cierto, pero ahora llega la hora de la verdad. Siguiente estación, el Camp Nou. Continue…




















