[por Rubén Uría] Mientras en España el fútbol se detiene, en Inglaterra se dan un buen atracón de partidos. Cuestión de tradiciones. Así que mientras Real Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla o Atlético endulzan su vida con la “operación polvorón”, los ingleses endulzan la vida al aficionado - porque el fútbol existe gracias al aficionado- con el célebre “Boxing Day”. Una fiesta futbolística que hace las delicias de grandes y pequeños cuyo nombre responde a la primera jornada que se disputa después del Día de Navidad. Y en esta ocasión, el “Boxing Day” no ha decepcionado. Ha dejado victorias de la terna de favoritos. De Liverpool - que mantiene el liderato-, de Chelsea y de Manchester United, y deja nombres propios para el futuro de una Premier League que está que arde. Protagonistas con mayúsculas, más allá de sus méritos coyunturales, han sido Didier Drogba (Chelsea), Robbie Keane (Liverpool), “El apache” Tévez (Manchester United) y Robinho (Manchester City). Un póker de “grandes” cuyo talento han podido paladear los aficionados ingleses, para los que el fútbol no sólo es un motivo de culto, sino también de diversión y raíz cultural. En Inglaterra los goles lo son todo. El fútbol es un modo de vida, una tradición, una herencia que pasa de padres a hijos. Un regalo inmejorable para disfrutar en Navidad.
Inglaterra no sólo puede sacar pecho de tener la Mejor Liga del Mundo, la Premier, una mezcla perfecta entre la historia anglosajona y la sofisticada cultura extranjera, sino que saca varios cuerpos al resto de campeonatos en el campo del márketing, la televisión y sobre todo, en el respeto. Ese famoso “respect” con el que clubes, directivos y operadores de televisión tratan al aficionado, al futbolero, al paganini de turno, a la gallina de los huevos de oro. Porque en Inglaterra, para orgullo de ingleses y escnario de españoles, el fútbol es algo más que un deporte, es una sacro-santa fiesta popular, una bendición. Un orgullo, una tradición, una historia de pasiones, un regalo de Navidad. Quien esto escribe, huérfano de fútbol, falto de un buen puñado de goles que llevarse a la boca, necesitado de una sobredosis dominguera de Liga, ha claudicado ante el embrujo televisivo del “Boxing Day”. Y ha acabado sentado ante el televisor, viendo fútbol en estado puro, viendo fútbol inglés, metiéndose entre pecho y espalda una buena ración de metadona llamada “Boxing Day”. El único fútbol que siente, comprende y cuida a los verdaderos dueños del deporte rey, los espectadores.


























